En "¿Cómo quieres que cuente estrellas?" utilizamos fotografías encontradas en Google para ilustrar las diferentes entradas del blog. Si alguna es tuya, o tiene derechos de autor, y no quieres que salga en el blog, avísanos y la cambiamos por una del Conde-Duque de Olivares. Gracias.

miércoles, 22 de abril de 2009

La Cooperativa (III)


Me presenté a las cinco menos veinte de la mañana en ese mismo lugar. Hacía menos tres grados y yo me había presentado con vaqueros Carrefour de oferta (10, 90 euros), dos camisetas interiores y un jersey, mi gorrito gris con visera de Springfield (19, 95), mi abrigo blanco de entretiempo y el resto de colonia que me quedaba de Thomas Burberry. En una pequeña mochila amarilla que me había tocado con las latas del Nesquik, llevaba mis galletas Fontaneda, un bocata de atún y un litro de agua de Los Riscos. La escena era la misma que el día anterior. Dos grupos principales, uno formado por marroquíes y otro por ecuatorianos, había cinco o seis personas sueltas que pronto se juntaron y que resultaron ser peones agrícolas con cualificación venidos de los pueblos cercanos, a los cuales me uní pronto, buscando congracionarme con alguien.


- …Ya debe estar mal la cosa para que yo me presente aquí para lo que tienes que trabajar y para lo que te dan, no te merece la pena ni la gasolina… - Soltó un tipo de unos treinta y tantos que provenía de Montijo. Los demás afirmaron con la cabeza, sin sacar las manos de sus abrigos, y yo remaché con un “Ya te digo”, buscando establecer vínculos de camaderia entre el grupo.



- …Yo ya estuve el año pasado en el Jerte para la cereza, y ya la cosa estaba mal, se nota la crisis y que los capataces bajan los sueldos, es un abuso, aunque estos (y señalo con descaro a marroquíes y ecuatorianos) vendrían por dos euros la hora fijo…-, habló otro tipo de procedencia desconocida, que sólo hacía escupir a su izquierda, como para intentar fijar cada una de las palabras que pronunciaba.


Pronto se presentaron cuatro camionetas Mercedes. En una de ellas venía el Sr. Víctor Calderón, el capataz. Era un tipo que rozaba la cuarentena, y que venía vestido todo de El Corte Inglés, parecía que iba a una montería. Botas de cuero, pantalones verdes de pana, camisa de franela a cuadros, chaleco negro y boina azul de visera. Había visto a un maniquí de similares características en la tercera planta de El Corte Inglés. No me cabía duda. Le faltaba la escopeta y la jauría de perros. Rápidamente se puso a repartirnos por números en las diversas furgonetas, mientras comentaba que íbamos a la “entresacá” de la ciruela y que no peláramos mucho los ciruelos, que no se trataba de desnudarlos enteros, que eran 95 hectáreas de ciruelas y que estaríamos algunos días allí.


A mi me llamó de los últimos, iba en la última furgoneta junto a siete ecuatorianos que me miraban curiosos y agachaban la cabeza, no hablaron nada en los quince minutos de trayecto. La furgoneta dio varios tumbos en algunos momentos, se notó que cambiábamos comarcal por camino de cabras directamente, cualquiera diría que íbamos por la mitad del campo directamente.


Cuando paramos, nos dieron un cubo de plástico grande, de unos 50 kilos de capacidad, como esos que venden en algunos chinos, y nos dejaron allí, delante de hectáreas y hectáreas de ciruelos plantados en hileras, cada seis o siete uno destacaba por ser más alto que los anteriores. Hacía frío, pero el espectáculo de ver todo aquel manto de estrellas encima de tu cabeza, ya merecía la pena. El cinturón de Orión tintineaba con intensidad, y la Osa Mayor, La Calabaza Borracha, se distinguía perfectamente. Mientras yo observaba extasiado las estrellas, mis compañeros de furgoneta, sin mediar palabras se acercaron a los árboles y empezaron a recoger frutos y a echarlos en los enormes cubos de plástico. Yo me quedé parado. Esperaba que alguien me hubiera explicado que demonios se suponía que debía hacer con el cubo. Como vi que nadie lo hacía, opté por imitarlos y me puse a recoger ciruelas a diestro y siniestro. Al quinto ciruelo, el ecuatoriano más cercano a mi iba por el noveno. No dejaba de observarme. Yo de vez en cuando, me paraba, y sacaba del bolsillo interior de mi abrigo mi cuaderno de notas y anotaba poéticas inspiraciones sobre el campo ejtremeño y las estrellas, quería escribir una Pastoral Renacentista en versos endecasílabos o alejandrinos, o en verso libre. Eso era algo que aún estaba por decidir. Miraba con afecto paternal las ciruelas y las arrancaba de las ramas y las metía en el cubo, las observaba con curiosidad sincera, como crecían en medio del frío de abril, con aquella helada abrigaba por aquel espectáculo de cielo…


- No. No arranques las grandes. – Musitó el ecuatoriano que se había acercado furtivamente hasta mí. – Se trata de que quites las pequeñas, para que el resto del fruto crezca más. No están maduras y estas arrancando las mejores, si te ve el capataz la tienes pinche huevón , ¿Qué no entiendes?, y no te pares a garabatear, te van a botar a la primera. – Me recriminó mirándome directamente a los ojos.


Se notaba que era un joven preocupado por el buen trabajo.


- Es que soy escritor, me viene la inspiración a todas horas. – Le contesté alegre.


- Por mi como si eres el puto Conde Duque de Olivares carajo, no chilles tan alto, y quita las pequeñas, español de los cojones.-


...CONTINUARÁ...

19 comentarios:

marguis dijo...

Que sepas que me tienes intrigadísima.... y seguro que no soy la única.
:P

BUENAS NOTICIAS dijo...

jajajajaja, eso es hablar claro... Pobre poeta recogedor de ciruelas e incomprendido!!!
Tengo ganas de saber más!!!!

Mary Lovecraft dijo...

XD XD XD

esta historia (y tú) me tiene enamorá!!

no puedo dejar mucho tiempo de leerte así que, no tardes en colgar el siguiente cap!!

vaya con el ecuatoriano, tiene carácter, eh???

un besazo! :***

Lilyth dijo...

jajajajaja hay momentos, como tus ataques poéticos, en los que tengo ganas de hacer un alto para describir hasta el sector socio económico al que pertenecen los ecuatorianos esos, pero me intriga más saber... si la adaptación sucede o no jajajajaja

Dean dijo...

La historia es genial pero no lo es menos tu estilo, venga a darle duro que en dos semanas ya tenemos una novela completa(y bien buena).

Duncan de Gross dijo...

Me alegra mucho que os esté gustando, jejeje, aunque no va a ser novela, porque es simple anécdota y porque soy muy Chejov y los relatos cortos, puros pero cortos, quizás algún día me atreva con algo más largo...Creo que en el próximo post acabo, estad pendientes y gracias por seguir!!, besotes!!

Moisés P. dijo...

jajajjaj menos mal que hay gente buena con ganas de ayudar...si no te andas con cuidado y le haces caso al compañero ecuatoriano...durarás menos que una ciruela madura a la puerta del mercado....

CalidaSirena dijo...

A mi también me tienes intrigada, espero que el desenlace llegue pronto, porque no puedo aguantar más!!, jajajaja..
Besos muy dulces

Morlaa dijo...

he descubierto hoy tu blog, me he puesto a leer, leer y leer, y la verdad es que a mi también me tienes la mar de intrigada oye!
enhorabuena, creo que no es facil escribir tan bien y dejar a la gente enganchada!

saludos!!

Azuquita dijo...

Soy una más de las intrigadas.
No tardes mucho en contarnos la proxima.
Besos y suerte en ese duro mundo.

la pequeña candi dijo...

Estoy deseando saber cuantas cajas de ciruelas acabará llenando este pobre...
Jajaja!
Me gusta, me gusta!
Besos Andreu!

Duncan de Gross dijo...

Bienvenida Morlaa y Rebienvenida Calida Sirena, me alegro que vengas con fuerzas!!, pronto el desenlace de la aventura agrícola de Duncan de Gross...

Anita dijo...

Menudo carácter tu compañero...

Bueno, era por tu bien, pa´que no t echaran a la primera de cambio. Es que la literatura t pierde y no está la cosa como para "perder" el trabajo.

Muakk

lys dijo...

El mismo trabajo con diferentes actitudes y diferente necesidades, será interesante saber más.

Un beso.

Carlos dijo...

Lo tuyo no es el campo :P

Max Birrax dijo...

Aparte de preocupado por el buen trabajo, el ecuatoriano enseña al que no sabe para que no le den la patada, eso ya no lo hace todo el mundo...

Que conste que yo hubiera hecho lo mismo que tú. ¡Saludos!

La pequeña Lo dijo...

Me quedé dormida y se me fue el santo al cielo. Y yo q creía que había descansado los ojos 5 minutos! menos mal q llamaste a la puerta y me desperté, q si no...

Me tengo q poner al día con tu blog ya!

ana dijo...

Aquí estoy leyendome la segunda y la tercera parte.

Es demasiadooooooooo para mí.

No puedo contigo, y ya lo sabes. No se si reir o llorar ja ja ja ja, pero me tienes enganchada con tus historias de badayork.

Pdta. Otras dos galletas que cayeron, y una shandy de imitación de 0,46 euros ja ja ja ja ja.

Un besoooooo.

Lupita dijo...

Ainsss, pastoral ejtremeña...je, je, je capaz serías de escribirla y todo...
Queremos próximo capítulo.
Besos