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miércoles, 8 de marzo de 2017

"La La Land. La ciudad de las estrellas" (2017)


        Con un par de meses de retraso, después de su estreno en el cine, pude ver “La La Land. La ciudad de las estrellas” (2016), musical del que todo el mundo habla, por su ¿Originalidad? o por el famoso y olvidable desliz que sufrió en la entrega de los Oscars… No, por ninguna de esas cosas, sino porque es realmente una buena película, aunque con algunos matices, ligeros, que te cuento…



         Anda, pues empezamos bien. ¿Pero por qué has puesto originalidad entre interrogantes, acaso no te parece original? Pues no. “La La Land” es una gran película, fantástica en su coreografía, en sus canciones, en sus guiños al cinéfilo, pero original… Precisamente no lo es, o al menos a mí no me lo ha parecido.


         Ya lo sé… A pesar de que acumula seis Oscars, entre ellos el de mejor actriz para Emma Stone (más que merecido en mi opinión), y una treintena de premios más, cuando escribo estas líneas (un saco de Globos de Oro, una bolsa de rafia del Mercadona llena de Baftas que no sabes dónde poner, Critics Choice Awards y algunos más de Festivales de medio planeta…), hay que reconocerle ese pequeño detalle. Original, en su historia y planteamiento, no es.


       Efectivamente, soy un pesado. Pero, vayamos por partes. ¿Qué gusta de “La La Land”?. Pues prácticamente todo. Gusta su trepidante ritmo, su puesta en escena, la presentación de personajes, con sus sueños y sus fracasos… ¿Y de qué va? Mía (Emma Stone) es una camarera, eterna aspirante a actriz, que acude a castings como yo a las estanterías de mis libros (a diario), pero que no encuentra su sitio, un hueco en el mundillo… Sebastian (Ryan Gosling), es un pianista de Jazz que se resiste a la nueva ola musical que se quiere tragar, o se ha tragado ya, al Jazz clásico. Intenta surfear esa ola y montar su propio Club de Jazz, con copas y buena música, y quizás, algo de pollo para acompañar. Pero mientras eso ocurre se cae, y se vuelve a levantar, cruzándose en el camino de Mía y ayudándole, de paso, a descubrir el Jazz… Su alegato, en defensa del Jazz, me pareció sublime.


       Ahora bien, ¿No os suena esto un poco a “Cantando bajo la lluvia” (1952)?, la búsqueda del triunfo que no llega, la ilusión por cumplir un sueño que parece imposible dentro del mundillo del espectáculo… A mí sí, totalmente. Falta la maleta en manos de cualquiera de los dos mientras observan luces de neón con llamativos colores y sonoros mensajes, pero tenemos una escena con farola… Esa búsqueda del sueño hollywoodiense, me resulta familiar. Historia romántica, con muchos matices y colorines por aquí y por allí, como en un cuadro de Hopper. Y un Los Ángeles misterioso, lleno de oportunidades, de fondo.


       Al principio de la película, verás una coreografía basada en los típicos atascos de coches en Los Ángeles. ¿No le sucedía algo parecido a Michael Douglas en “Un día de furia” (1993)?, fue lo que pensé. Esa imagen de Douglas encima del coche, los atascos… Incluso (perdonadme la broma), me acordé de la escena inicial de “Deadpool” (2016).

       ¿”West Side Story” (1961) en el colorido baile de las compañeras de piso de Mía?, no sé, también pudiera ser. ¿”Pulp Fiction” (1994) en el baile del Club de Jazz? Quién sabe, a mí me lo pareció. ¿”Moulin Rouge” (2001) en ese amor imposible de concluir y de alcanzar, con esas miradas trágicas y esos hilos rojos que se rompen…?

       En fin, tenéis que verla. La película es bien buena, de siete y medio u ocho. El “What if…?” (Qué hubiera sido si…?) final es de esos que nos planteamos muchos, también, cuando nos da por oír a Charlie Parker o a Chet Barker, en días bucólicos… Pero, ¿No salía algo parecido en “Dos vidas en un instante” (1998)? En serio, tenéis que verla…

1 comentario:

Carlos dijo...

Es precisamente todo eso que dices. Un homenaje a Hollywood principalmente a través de sus grandes musicales. Nunca lo han negado. Hay varios vídeos en YouTube donde analizan todas las referencias y guiños de la película.