Sobre gustos hay mucho escrito, pero poco editado.
Maullando desde 2008...
Somos el blog extremeño de entretenimiento, activo, más longevo, hasta la fecha: Con reseñas de cómics, libros, películas, series, gatos, y asuntos varios (relatos cortos y reflexiones). Con más de 4600 entradas publicadas, y 800 etiquetas de todo tipo. Bienvenid@ al Patio-Lavadero.
La casa estaba patas arriba. La verdad es que hasta el Patio-Lavadero ofrecía una imagen un tanto de abandono. Así que ni corto ni perezoso, mientras oía a Saint-Saens y su danza macabra, me puse a limpiar todo. Recogí los periódicos que Micho tenía tirados por el Salón, limpié el Arenero Real, (que ya lo iba necesitando), pasé un paño por la entrada de la Gatera Real que en su día Michel IV remató con mármol de Carrara, rescaté del suelo de la cocina “Principiantes” de Raymond Carver y “Necrópolis” de Boris Pahor que Micho había estado leyendo, metí en el fregadero un par de platos sucios, mis vasos de los chupitos de absenta y fregué el suelo de las habitaciones mientras tenía entretenido a Micho con un documental sobre el Arte Románico en Castilla-León que tenía grabado desde hacía un tiempo. Tardé un par de horas, quizás tres, pero mereció la pena el esfuerzo para ver relucir la casa de nuevo. No hay nada como estar en casa de nuevo, pensé mientras lavaba la loza y un grifo, proveniente de Las Vegas del Guadiana pasaba volando, no muy lejos, sobre los tejados de Badayork con una oveja entre sus garras…
...Me dejé caer pesadamente en el sillón, junto a Micho. Pareces cansado, me comentó en un maullido. Lo estoy, le contesté, la verdad es que estaba deseando tomarme unos días libres, pintar algo deconstructivista, leer a Fante, escribir algo... Y, por supuesto, pasar una agradable velada a base de chupitos de absenta... Me imagino, murmuró Micho con mirada picara. Sus ojos eran apenas dos rendijas negras, sobre un fondo amarillo, que me miraban con curiosidad, bajo la sofocante luz que entraba por la ventana del Salón. ¿Alguna aventura nueva?, pregunté risueño. Por supuesto, dijo Micho moviendo el rabo de un lado a otro... Me alegra que estes de nuevo en casa. Yo también Micho, yo también...
...A mamá no le gustó que el pequeño gatito nos saliera tan moderno con el sombrerito en la cabeza, ¿Solución?, un buen soplamocos...Lo peor es que ahora la pueden denunciar y la Junta se plantea retirarle la custodia del minino por malos tratos...
Micho insistió en varias ocasiones. “No seas roñoso Duncan, dales una moneda”, pero a mí no me hacía gracia ver a los dos mimos de cabellera geométrica, gemelos para más señas, totalmente hieráticos, casi desnudos y con esos enormes ojos almendrados y una extraña sonrisa arcaica en la puerta de nuestro edificio. Los había visto ya varias veces durmiendo en la escalinata del templo Nuestra Señora de la Hera de Badayork alguna que otra vez. Cleobis y Bitón se ganaban la vida descargando camiones o haciendo el mimo en el primer lugar adonde arribaban. La mismísima Amparo, la Esfinge del Rellano, los observaba inquieta desde el pie de la escalera, siseando maldiciones apenas inteligibles. Y allá veríais a mi compañero del club de tiro con arco, Apolo, pasar por delante de ellos sin inmutarse, y a su hermana, mi suspirada Diana, que charlaba animosamente con Ulises, mi monitor. Y Sísifo, absorto, arrastrando su enorme maleta en dirección al bus mientras Aracne, la modista, los oteaba desde la puerta de su establecimiento de mercería…
Rendido ante la pesadez de Micho, me acerqué al platillo de metal que había junto a los pies de los gemelos, había varias monedas de diez y veinte céntimos y un par de cincuenta también. Saqué un euro resoplando y lo deposité en el platillo diciéndoles: “Estaríais mejor buscando trabajo por las Vegas del Guadiana”, pero los gemelos no contestaron. Cuando oyeron el tintineo de la moneda al caer en el platillo hicieron un fugaz Moon Walker simétrico que hizo las delicias de Micho, que maulló de contento, y enseguida volvieron a quedarse quietos, completamente rectos, con un el pie izquierdo más adelantado que el derecho, ambos con aquella enigmática sonrisa y con los ojos almendrados clavados en el sol que se ponía al final de la Avenida…
Superábamos los treinta grados de temperatura perfectamente. El bar estaba completamente vacío, pero en la terraza delantera, recién regada a manguerazo, había una buena sombra. Le pregunté al tipo que si podía llevarme el café a la terraza mientras cogía la prensa local de encima de la barra. No me puso objeción ninguna.
Los gorriones revoloteaban alrededor de los pequeños charcos de agua que se habían formado, y el frescor de las plantas de la terraza, fundamentalmente enredaderas, se agradecía. La portada del periódico hablaba de victorias deportivas locales y de escándalos políticos. En mitad de mi lectura, llegó un coche azul hasta el aparcamiento cercano, creo que era un Citroën Picasso. En un principio no reparé mucho en su presencia, pero me llamó la atención que el vehículo se parara justo en medio del aparcamiento, sin tomar cualquiera de las plazas libres. Dejé el periódico encima de la mesa y pude ver como un tipo que había bajado, sin apagar el motor, daba la vuelta por detrás y abría una de las puertas laterales, la que daba justo enfrente de mí.
Del coche se bajó jovial y jocoso, un perdiguero negro azabache, que movía el rabo continuamente de un lado para otro mientras olfateaba el suelo. Entonces, el tipo del coche, que rondaría los cuarenta años, cerró la puerta y volvió al asiento del conductor. Arrancó y se perdió de mi vista.
Allí, en mitad de la nada. El perro se quedó mirando la huida ruin sin dejar de mover el rabo ni un solo instante. No creo que el animal tuviera más de dos años. Le di un sorbo a mi café, ciertamente inquieto, ya que no estaba acostumbrado a presenciar escenas tan deshumanas como la que había tenido el dudoso placer de observar. El perro estuvo a pleno sol alrededor de unos diez minutos, después se vino a buscar el refugio de la sombra entre las enredaderas de la puerta, sin dejar de mover el rabo, y sin quitarle la vista a la carretera. Es el principio de tu fin, compañero – fue realmente lo que pensé. Y me entristecí mucho ante aquella estampa de fidelidad y amor animal claramente vilipendiada y pisoteada por un cobarde. Absorto estaba en mis pensamientos cuando la voz del camarero, tras de mí, me sobresaltó: Esto pasa casi todas las semanas, comentó. Distinto coche, distinto tipo, distinto perro, misma historia… Me imagino, le respondí intentando ocultar mi rabia, mi tristeza y mi congoja, y de un sorbo me terminé el café.
P.D: "El Principio de tu Fin" está basado en una historia real que me ocurrió la semana pasada. Micho I de Gato me recomendó que sería un buen Relato Corto para una próxima publicación y, entre los dos, le dimos forma hasta quedar tal cual lo presentamos en el blog. Espero que os guste y, sobre todo, os haga reflexionar... Besotes&Absentas.
¿Pero esto qué es?, maulló Micho I de Gato mientras de un salto buscaba refugio debajo de la mesa. Un ruido ensordecedor había hecho retumbar todo el piso. En un principio pensamos que era una manada de grifos legendarios que intentaban arrancarnos el tejado y ampliar de paso el Patio-Lavadero con mortiferas garras que hubieran hecho palidecer al propio Perseo, habitante seguro de los Campos Eliseos, pero tras asomarnos raudos por la ventana pudimos ver una pareja de F-18 volando muy bajito en dirección al Guadiana. “Crónicas Marcianas”, el libro de Ray Bradbury que en ese momento leía Micho, había ido a parar a mis pies, y el pobre felino de eterno frac temblaba ante el recuerdo del tempranero, tremendo e inesperado ruido de los motores.
Asómate Micho, le dije. Son aviones. Y con la curiosidad que caracteriza a los gatos, Micho I de Gato se plantó en el quicio de la ventana en el mismo momento en que la Patrulla Águila realizaba una imposible voltereta aérea. ¡¡Qué moscas más grandes!!, maulló sorprendido, y yo sólo pude sonreirme mientras le recogía el libro y se lo depositaba en su puff...
- No tienen un vuelo irregular… - declaró distraído Micho I de Gato mientras observaba a una de ellas hacer un viraje repentino.
- ¿En serio?. – Le inquirí incrédulo.
- No. Realmente siguen unos patrones muy bien definidos. Sólo cuando sienten una amenaza o son molestadas rompen ese patrón y efectúan vuelos aparentemente confusos, asimétricos, que en realidad son maniobras evasivas.
- ¿Me estás diciendo Micho que has estado estudiando el vuelo de las moscas?.
- Simplemente me he estado fijando en ellas… -. Maulló Micho divertido. - …Ya sabes lo que me gusta atraparlas cuando buscan, desesperadas, una salida en la transparencia de los cristales de las ventanas… En pleno vuelo, no podría atraparlas, pero deduzco en muchas ocasiones el rápido cambio de rumbo que toman, sus vertiginosos giros…-
- Si, lo sé. Te he visto darles zarpazos, muchos de ellos fallidos… - Sonreí. - ¿Qué lees?. – Le pregunté cambiando de tema.
- “Invisibles” de Paul Auster, ronroneó Micho. Y la tarde acabó con un interesante diálogo sobre la influencia de la Literatura Francesa en la vida social de los gatos anarco-sindicalistas…
P.D: La foto (recogida de internet) en realidad muestra el vuelo de una abeja (muy daliniano), pero sirve para ilustrar esta entrada de Micho I de Gato... Besotes&Absentas!!
... Micho I de Gato asegura que posiblemente él hubiera reaccionado igual que su colega gatuno (curiosamente otro "gato frac"). Os comento el video resumidamente: Canguro que cuida a niño, vaso roto, gato que reacciona... No tiene desperdicio...
Fue Micho I de Gato quien se fijó en ella. Los dos estábamos tranquilamente sentados en la terracita del Café. Yo tomaba un café negro y Micho lamía una Menta Poleo (ante el estupor de muchos viandantes). Por mi parte, le había recomendado el último libro que me había estado leyendo en mis noches frescas de Castuera: “Extremadura de Leyenda”, de Manuel Lauriño. Y Micho me hablaba, entusiasmado (deduje por su ronroneo), de la última película que había visto, una producción franco-china de 2.002: “Balzac y la Joven Costurera China”, haciendo hincapié en la magnífica fotografía, en la inusual narración y en un peculiar e interesante triángulo amoroso…
Entonces Micho calló un instante y me preguntó casi en un susurro, con aire distraído, mientras mecía los blancos bigotes como un dandy del S.XIX: “¿Te has fijado en esa chica?. Es muy rara, sostiene un ánfora en las manos y no le quita ojo…”. Me giré hacía donde mi felino acompañante, de elegante frac, dirigía sus estrechas pupilas y reconocí a la chica enseguida. Sentada casi junto a nosotros estaba Pandora. Una chica que había conocido hace unos años, en la noche bohemia de Badayork, justo antes de que unos simpáticos francotiradores acribillaran nuestro Salón desde un helicóptero tras unas duras críticas de Michel II de Gato al régimen democrático del Sr. Putin (¿Lo recordáis?: Revisad la entrada “Crónicas de un gato 5”).
Atada siempre a un ánfora de Figuras Negras que representaba a un tipo robando una antorcha a unos barbudos en sisa de una especie de templo rodeado de nubes, la melancólica y solitaria Pandora iba de aquí para allá, mordiéndose el labio inferior de forma reflexiva, mientras asía con fuerza su enigmática pertenencia. Como un alma en pena entraba en los locales nocturnos y observaba sin tomar nada. Miraba el ánfora pensativa y acariciaba casi con temor el enorme tapón de corcho extremeño que sellaba su contenido.
- ¿Qué llevas ahí dentro?. Preguntó con minina curiosidad Micho I de Gato mientras se sentaba, inquieto, sobre sus cuartos traseros.
Pandora alzó sus enormes ojos grises, le miró, y sonrió con tristeza. “Ya nada”, le contestó con un hilo de voz. “…O casi nada…”, susurró bajando de nuevo la mirada hacia el enorme tapón. Entonces calló. Yo le di un sorbo a mi café negro, y Micho, que parecía estar saliendo de un trance hipnótico me preguntó: “¿De qué hablábamos?”. “De cine chino.”, le contesté dedicándole mi característica media sonrisa tras mi descuidada perilla.
Nos ha costado Amiguetes, pero después de un largo año de trabajo, Micho I de Gato y yo, Duncan de Gross, tenemos el honor de presentaros "El Vuelo de Altaris", un compendio de Relatos Cortos y dibujos adjuntos que hemos ido redactando, seleccionando y retocando. Lo hemos editado por Bubok, igual que "¿Cómo Quieres Que Cuente Estrellas?" y esperamos que sea tan exitazo o más. Del prólogo se ha encargado el amigo José Antonio Delgado Magariño, alias "Gato", que como profesor de Comunicación Audiovisual y Licenciado en Historia del Arte da una acertada visión del libro, que viene a definirse dentro de cierto Realismo Social. Los incondicionales de "¿Cómo Quieres Que Cuente Estrellas?" encontraréis en "El Vuelo de Altaris" un nuevo toque literario dentro del peculiar universo de Duncan de Gross donde los personajes se mueven dentro del Arte, el mundo gatuno, la literatura y muchas veces, la soledad, el misterio y la melancolia teñidas con someras notas de humor irónico. Son Relatos que, en ocasiones, no cuentan nada, o quizás si, y que dejan abierta la puerta de vuestra imaginación, en un punto y aparte reflexivo...
Espero que os guste y que lo disfrutéis tanto como Micho I de Gato y yo en realizarlo para vosotros. Muchas Gracias por seguirnos. Y como diría mi difunto Michel IV de Gato: ¡¡Bloodys&Absentas!!
... "¿Qué es para ti, oh gran Duncan de Gross, nacido bajo el Signo de Orión, la felicidad?", me espetó dichosa y divertida mi mercera, Aracne, con sonrisa complice. "¿La felicidad?, respondí utilizando la mayeútica socrática. "La felicidad es el ronroneo de un gato o un buen trago de absenta.", y los dos reímos a carcajada limpia...
“Se te nota algo cansado”, me dijo Micho I de Gato nada más entrar en el Patio-Lavadero. Tomaba los últimos rayos de la tarde en el mismo lugar donde hace un par de años, mi desaparecido Michel IV de Gato promulgaba la independencia y nacimiento de la Republica Independiente del Patio-Lavadero y declaraba el Estado de Excepción de la mitad de la casa. “No paro, Micho.“ le comenté echándome a su lado. “Entre exámenes, reuniones y viajes… No tengo ni un minuto para escribir en Arte Extremadura o estudiar las oposiciones, y comienzan el 25 de Junio…”. Micho ladeó la cabeza, olfateando con su hocico el aire. “Te veo de nuevo en el paro, Duncan de Gross.” Maulló. Y la sola idea de verme de nuevo buscando trabajo hizo que un escalofrío me recorriera la medula espinal de arriba abajo. Eso y que me había apoyado encima de una piedra. “Míralo por el lado bueno…”, susurró Micho enigmático, “…Volverás a vivir intensamente la boheme de nuevo. Nuevas performances, nuevos cuadros y poemas… Y, en circunstancias extremas es cuando Clio, la ligera de ropa, te dicta al oido las mejores historias...”, remató mientras se levantaba, y con la elegancia que un gato frac puede tener, se dirigió a la puerta. “¿Qué vamos a ver esta noche?”, preguntó jovial, cambiando radicalmente de conversación. “El violinista en el Tejado”, le contesté incorporándome. “Bien, parece interesante.” susurró, y su sombra desapareció tras la esquina del pasillo.
...Terminé de leer la última frase del libro y el silencio invadió el Salón. Micho I de Gato, al cabo de unos diez eternos segundos, se movió incómodo en su Puff naranja: "Es la historia de amor más triste que jamás me hayan contado.", siseó echando sus orejas puntiagudas hacia atrás. Su pelaje de gato frac le dio un aire muy solemne a sus palabras. Mi diosa, la Gran Atenea, nacida de la cabeza de su padre y enemiga acérrima del paracetamol y de la LOE, depositó cuidadosamente el casco dórico que reposaba en su regazo en la mesilla y, ajustándose el peplo jónico, dijo con aire ausente: "Por Hades, necesito una maldita copa Duncan, casi me haces llorar...", y se levantó pesadamente dirigiéndose a la cocina. Yo acaricié, casi con un mimo inaudito, la tapa del libro, mientras veía como Micho se acercaba, con aire melancólico, a la ventana que da a la Avenida. "Una absenta para mi", musité a mi deidad, y me quedé absorto viendo una imagen cotidiana de Badayork, un pegaso posándose graciosamente en un tejado cercano...
P.D: "La Mecánica del Corazón", de Mathias Malzieu. Un breve relato sobre lo que puede llegar a doler el amor verdadero dentro de un corazón muy especial...
Volvía de hacer la compra (pan y latas de atún básicamente), aprovechando los primeros rayos solares primaverales que asoman por la vetusta, cateta y provinciana ciudad de Badayork. Por la acera de enfrente me pareció ver a la hermosa Perséfone que, de la mano de su madre, observaba entusiasmada los dorados Gatos de la Suerte del escaparate del Chino de la Avenida moviendo, hieráticos y misteriosos, sus patitas en un balanceo casi hipnótico. De su marido el Juez, y sus acólitos, no había ni rastro. Aracne pasaba la escoba en la puerta de su Mercería y me dedicó una sonrisa a modo de “Buenos Días”.
Más adelante un sudoroso Sísifo arrastraba su enorme maleta, como a diario, hacía el misterioso autobús que lo lleva a su incierto destino. Un grifo surcaba el cielo, impasible, con un enorme e infeliz borrego entre sus afiladas garras. “Un día normal en Badayork”, pensé, mientras arrancaba un trocito de baguette y me lo llevaba a la boca. Entonces fui testigo de un hecho insólito. Un joven discutía, acaloradamente, con un hombre-anuncio de “Compro Oro” el precio de un vellocino compuesto, al parecer, del codiciado metal. El hombre-anuncio decía que era una vulgar imitación, y el joven contestaba que no podía mal venderlo, que necesitaba el dinero y quería más de lo que le ofrecían. Al parecer, un gato le había llegado a ofrecer el doble de lo que le daba el hombre-anuncio y había rechazado su oferta. Muchos viandantes, entre los que se encontraba mi adorada compañera del Club de Tiro con Arco, Diana, y el engreído de su hermano, Apolo, comenzaron a formar un círculo irregular de curiosos alrededor de los dos hombres. Unos decían que el hombre-anuncio tenía razón y otros que el joven, de nombre Jasón, estaba siendo timado. Al final, cansado del show callejero proseguí mi camino. Cuando llegué al portal de nuestro piso, Amparo, la esfinge del rellano, se me acercó ufana y con ojos inhumanos me siseó un enigma sencillo: “Si me nombras desaparezco, ¿Quién soy?”. “El Silencio”, respondí con una media sonrisa que presentaba, desde mi perilla, mi maltrecha mandíbula empastada. Satisfecha, se retiró dejándome el paso libre, y se acurrucó en el hueco de la escalera, a la espera del cartero o de algún inquilino al que abordar. Cuando llegué a casa, Micho I de Gato leía en el Salón “Los Subterráneos” de Jack Kerouac. “No te vas a creer lo que ha pasado cuando te fuiste esta mañana”, me maulló enigmático, “No me lo digas”, le interrumpí mientras me preparaba un chupito de absenta en la cocina, “Un tipo te ha intentado vender un Vellocino de Oro, ¿A qué si?...”.
Con un trazo rojo acabé de corregir el último examen y respiré, pesadamente mientras me recostaba en la silla.
- ¿Ya has terminado? -, inquirió Micho sin quitar ojo de la tele. Estaba viendo un documental en el Canal de Historia sobre el Crac del 29. – Por fin, si. Necesito un buen café con leche, me lo merezco -, le contesté guiñándole un ojo. - ¿Quieres uno?. -. – Descafeinado para mí, sino te importa. – Pidió Micho mientras me incorporaba. - ¿Alguna barbaridad en tus exámenes?. - Uff, muchas. Le contesté desde la cocina. - Dime alguna que me ría, maulló Micho con sorna. - Pues verás, para mí, la más graciosa… Y no pude evitar una media sonrisa mientras metía las tazas en el microondas… Es un alumno que en las definiciones me ha puesto en Bismarck: “Bismarck: 5´90 con patatas grandes en Mac Donald´s”. Verás cuando se lo cuente a Atenea, mi diosa entre las diosas, lucero de la verdad en la oscura noche de la ignorancia… Y Micho no pudo evitar maullar con un descosido y risueño alboroto mientras yo, un poco triste, sonreía pensativo.
- ¿Sabes algo de Anfión y Zeto?, le pregunté a Micho cambiando de tema y echando un poco de sacarina en su descafeinado. - Nada. Contestó Micho. Supongo que seguirán arrestados después de la que montaron la semana pasada con la desdichada Dirce. Asentí con la cabeza y di un sorbo a mi café. Los gemelos, Anfión y Zeto, dos jóvenes ejemplares, uno músico en la Orquesta de Extremadura y otro un conocido ganadero de la Dehesa, habían atado a una vecina que conocíamos de vista, Dirce, a las astas de un toro (propiedad de Zeto) que la había arrastrado por media Avenida. Fue espantoso. Hasta Amparo, la Esfinge del rellano, se había estremecido ante tan cruel suceso. Ellos no paraban de gritar que lo hacían por venganza a lo que Dirce le había hecho a la madre de ambos, Antíope. - Supongo que todo fue por malos rollos entre vecinos, un momento de locura y... Maulló Micho con una gran madurez, pero no llegó a terminar la frase. El documental ahondaba en el economista norteamericano Keynes y el New Deal de los años treinta y Micho, el gato del eterno y elegante frac, se inclinó para oír mejor…
Hola Amiguetes: Llevo un tiempo sin escribir ni contar las aventuras y desventuras de Duncan y Micho. Me tenéis que disculpar, pero es que con el trabajo estoy hasta arriba y apenas tengo tiempo. Ahora ando con la Segunda Evaluación, y entre corregir actividades, estudiar (muy poco), reuniones y mil historias más, se me va el tiempo de una manera impresionante...
Micho está un poco mosqueado con tanta lluvia. En Badayork nunca llueve tanto y él está deseando tirarse en mitad del Patio-Lavadero a tomar el sol. Ya le he comentado que de aquí a cinco semanas, poco después de Semana Santa, vendrán los calores y podrá disfrutar de uno de los mayores placeres que puede tener un gato en esta vida: Tomar el sol.
Por otro lado andamos un poco tristes, porque a consecuencia de las lluvias, muchos de los gatos que habitan los islotes paradisiacos del Guadiana, han tenido que subirse a los eucaliptos, rodeados por el agua y llevan días así sin que nadie en Badayork haga nada por rescatarlos. De 25 que había, la protectora de animales calcula que quedan diez, y aportan una foto, que nos ha parecido increíble, fascinante, en la que un gatuno ayuda a otro a no caerse de las ramas. Cruzamos los dedos para que tengan un final feliz. Un enorme Miauuu de parte de Micho y un trago de absenta de parte de vuestro amigo Duncan de Gross.
Micho estaba encantado. El periódico local anunciaba a bombo y platillo la actuación el próximo fin de semana del gran Cantaor Gato Flamenco “Chinito de Badayork”. Una auténtica estrella de la copla, la seguidilla, el fandango y de todos los palos del flamenco. Un gato que lo mismo te maúlla una Alegría que una Soleá. Un gato con ese duende que sólo algunos artistas tienen de nacimiento.
Chinito de Badayork relataba en la entrevista de dos páginas, con foto incluida, como en sus orígenes había cantado por tejados de mala muerte, por cuatro duros. Venía de una camada de ocho gatos pobres, pero él ya desde pequeño había sentido muy dentro de sí la llamada del flamenco, como una llama que quería salir de su cuerpo felino. Más tarde se dio a conocer cuando, en plena Semana Santa, se atrevió a cantarle una saeta al Cristo de Nuestra Señora de los Gatos de la Cofradía de Badayork el Grande. Su actuación callejera, desde el tejado próximo a la Iglesia fue largamente aplaudida y comentada. Pronto, su fama fue acrecentándose, y poco a poco, logró meter hocico y bigotes en los grandes tablaos flamencos de toda Espanya, logrando contratos importantes en el extranjero, en países como EEUU y Japón donde su arte era tan admirado y seguido. Llevaba grabados tres discos que se habían convertido en verdaderos hitos musicales, ha ganado dos “Grammys Gatinos” y las televisiones se lo rifan.
Micho I de Gato se declaraba fan número 1 de Chinito de Badayork. El más grande gato flamenco “que ha pario Etremaura” afirmaba jovial y risueño, e intentaba imitar sus maullidos “jondos”: Meeeooow, Meee-ee-ee-ouuuuw. ¡¡Olé y Olé, mi Micho, que arte gatuno tiene!!, le dije mientras aplaudía y le prometía ir, con él, a ver la actuación del gran Chinito de Badayork…
La carta venía a nombre de Michel IV de Gato. Con una media sonrisa me quedé un buen rato mirando el remitente, AGAA (Asociación de Gatos Alcohólicos Anónimos). Este mes hace justo un año que falleció el pobre Michel y estuve dudando si abrir el sobre o tirarlo directamente a la basura.
Micho I de Gato notó mi preocupación. Los gatos saben interpretar a la perfección el estado de ánimo de sus acompañantes. Me preguntó qué era lo que ocurría y le enseñe el sobre, y a quién iba dirigido. No dije una sola palabra, pero tras mi media sonrisa la acongoja afloraba poco a poco, por segundos. Ábrelo, me dijo Micho. Simplemente, ábrelo. Lo abrí y leí la carta dirigida a Michel. Era una campaña para evitar el alcoholismo en los gatos. Los gatos de nuestra sociedad tienden, cada vez más en una sociedad desgatizada, a buscar refugio en el alcohol. AGAA se ofrecía a ayudar a estos pobres gatos que habían caído en las terribles redes de la bebida a través de una serie de conferencias donde gatos de toda Extremadura contarían su amarga experiencia con el alcohol, como habían logrado superarlo y como habían rehecho su vida. Ahora eran gatos felices que maullaban en las noches frías, por los tejados de Badayork… …Sin poder evitarlo, abrí el mueble bar y me hinqué un buen trago de absenta mientras miraba por la ventana la avenida que una vez observara Michel IV de Gato.
P.D: Las fotos adjuntas corresponden a algunos miembros provinciales de la AGAA.