
…Hoy ha sido un día triste. Un amigo se ha venido a despedir de nosotros, y no sabemos si volveremos a verlo alguna vez. La verdad es que nos ha acompañado mucho estos últimos seis meses, ha compartido con nosotros risas, sueños, cabreos y saudades.
Se vino a este país de envidiosos e hijos de p. buscando un futuro mejor que en su Buenos Aires amado no había tenido oportunidad de encontrar, se lió la manta a la cabeza y con un sueño en la maleta llegó hasta nosotros, trabajando de todo lo que le salía: De repartidor, camarero, ayudante de arquitecto (Dédalo e Hijo), pizzero…
Su sueño, montar un gabinete de psicoanálisis, especializado en la mente gatuna. Tuvo sus más y sus menos con Michel, lo llegó a considerar intratable e incurable, “El gato boludo” le llamaba cuando se cabreaba, pero al fin y al cabo, muchas veces no le faltaba razón, ya que es difícil tratar con Michel y sus aires de grandeza, sus ideas independentistas y su admiración por varios dictadores, que él llama demócratas al servicio del pueblo…
Hoy ha venido a despedirse de nosotros Tomás Polichiollo. Nuestro amigo Tomás se vuelve a su Argentina natal, a la cual añora con cada célula de su cuerpo, a seguir buscando ese sueño, ese camino que conduce a una estrella, y que aquí, desgraciadamente, no ha encontrado. Deja atrás a unos amigos que le quieren, que le respetan, y que cada vez que miren al cielo nocturno veraniego en la ciudad cateta y provinciana, coronado por Orión, se acordaran de él, y dirán: “¿Qué estará haciendo ahora el bueno de Tomás?”.
Como a Michel ni a mi nos gustan las despedidas, hemos querido decirle un “Hasta Luego”, esperando que algún día, los tres volvamos a vernos, y juntos los tres (entre cafés, absentas y Bloody Mary para Michel) nos volvamos a reír, y a llorar, recordando las historias de Marsias y su flauta, de Amparo la Esfinge del Rellano, de Sísifo y su maleta, de cuando Icaro cayó en el Patio-Lavadero y su padre Dédalo en la ferretería, o de cuando Michel la lió en el restaurante Angello´s y Tomás se enfadó tanto…
Hasta Siempre Amigo, que Atenea te guíe hasta esa estrella que ansias y que te mereces.
Se vino a este país de envidiosos e hijos de p. buscando un futuro mejor que en su Buenos Aires amado no había tenido oportunidad de encontrar, se lió la manta a la cabeza y con un sueño en la maleta llegó hasta nosotros, trabajando de todo lo que le salía: De repartidor, camarero, ayudante de arquitecto (Dédalo e Hijo), pizzero…
Su sueño, montar un gabinete de psicoanálisis, especializado en la mente gatuna. Tuvo sus más y sus menos con Michel, lo llegó a considerar intratable e incurable, “El gato boludo” le llamaba cuando se cabreaba, pero al fin y al cabo, muchas veces no le faltaba razón, ya que es difícil tratar con Michel y sus aires de grandeza, sus ideas independentistas y su admiración por varios dictadores, que él llama demócratas al servicio del pueblo…
Hoy ha venido a despedirse de nosotros Tomás Polichiollo. Nuestro amigo Tomás se vuelve a su Argentina natal, a la cual añora con cada célula de su cuerpo, a seguir buscando ese sueño, ese camino que conduce a una estrella, y que aquí, desgraciadamente, no ha encontrado. Deja atrás a unos amigos que le quieren, que le respetan, y que cada vez que miren al cielo nocturno veraniego en la ciudad cateta y provinciana, coronado por Orión, se acordaran de él, y dirán: “¿Qué estará haciendo ahora el bueno de Tomás?”.
Como a Michel ni a mi nos gustan las despedidas, hemos querido decirle un “Hasta Luego”, esperando que algún día, los tres volvamos a vernos, y juntos los tres (entre cafés, absentas y Bloody Mary para Michel) nos volvamos a reír, y a llorar, recordando las historias de Marsias y su flauta, de Amparo la Esfinge del Rellano, de Sísifo y su maleta, de cuando Icaro cayó en el Patio-Lavadero y su padre Dédalo en la ferretería, o de cuando Michel la lió en el restaurante Angello´s y Tomás se enfadó tanto…
Hasta Siempre Amigo, que Atenea te guíe hasta esa estrella que ansias y que te mereces.












