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sábado, 26 de noviembre de 2016

El planeta salvaje


        He de reconocer que hasta hace bien poco, nunca había oído hablar de la película “El planeta salvaje” (1973). Se trata de una película de animación francesa, dirigida por René Laloux, y basada en el libro “Oms en serie”, del escritor francés Stefan Wul.

         En “El planeta salvaje”, los humanos (Oms) son mascotas de los Draags. Los Draggs son gigantes calvos, de unos doce metros de altura, piel azul, ojos rojos y aletas de pez en la cara. Las mujeres Draags llevan los pechos al aire. Son seres muy avanzados tecnológicamente, y con ciertos poderes psíquicos, como la capacidad de realizar viajes astrales fuera de su cuerpo, algo que ellos conocen como “meditación”.

       Los humanos, simples marionetas para los niños Draags, están en un estadio parecido al del Paleolítico Superior. Algunos son los animales de compañía de los Draags, como ya he dicho, y otros, una inmensa mayoría, viven en un estado de semilibertad vigilada, formando grandes colonias o colectivos que los Draags eliminan, en un proceso que llaman de “desomnización” cuando estos grupos se vuelven demasiado numerosos.

       La historia comienza cuando una niña Draag, Tiva, recoge un bebé oms al que unos niños Draags han dejado huérfano (matan a la madre dejándola caer desde una elevada altura). Tiva cuidará desde entonces a este pequeño Oms, al que pone el nombre de Terr, que pronto se revela como un chico listo y que, gracias a unos auriculares de Tiva (que ríete tú de los cursos CCC), aprende todo sobre los Draags, su tecnología, su mundo…

       Siendo adolescente, Terr huye con los auriculares en busca de más Oms. Quiere compartir sus conocimientos. Los Oms, cavernarios, que viven en un parque, al principio no le creen, pero pronto se darán cuenta que Terr les trae el conocimiento frente a las supercherías del chaman de turno (ya lo sé, suena al Mito de la Caverna de Platón).
Con el conocimiento en manos de los Oms, solo queda buscar un lugar dentro del mundo de los Draags, librarse del miedo y de los continuos aniquilamientos. El conocimiento hará que las dos razas se enfrenten, en una lucha por dominar el planeta…


      Con un dibujo sublime, una música espectacular y unos escenarios surrealistas, “El planeta salvaje” me ha parecido un verdadero peliculón. Sus escenarios recuerdan muchas veces a los cuadros de Tanguy, Dalí, Magritte o Giorgio de Chirico. Si no conoces la película, no puedes dejarla pasar. Y si la conoces… ¿A qué es francamente buena?

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