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domingo, 23 de octubre de 2016

Queimada.



        No conocía esta película, “Queimada” (1969) del director Gillo Pontecorvo, y con Marlon Brando en su papel principal y Ennio Morricone dirigiendo la música. Para mí ha sido todo un descubrimiento, grato descubrimiento, al encontrarme una película de Cine Histórico bien planteada, y bien dirigida.

        Aunque la historia cojea un poco en algunos puntos, nos encontramos una colonia portuguesa a mediados del S.XIX (sobre 1.840, creo), concretamente una isla caribeña, Queimada. Es la típica isla dedicada a la plantación azucarera, con una sociedad profundamente esclavista, que bien podría haber sido Cuba o Haiti, supongo, y los “malos” españoles o franceses en lugar de portugueses. Ese es el primer punto que me chirrió de la historia, ya que hasta Queimada llega un barco inglés con William Walker (Marlon Brando), agente secreto al servicio de su Majestad, con la misión de provocar un levantamiento en la isla, una revolución, que cambie las tornas portuguesas por el área de influencia económica británica. Los ingleses aparecen en el film como enemigos de Portugal, nada más lejos de la realidad histórica.

         Para lograr el levantamiento, recurre a un esclavo con muchas agallas, José Dolores (Evaristo Márquez, un pastor colombiano metido a actor por arte y magia de Pontecorvo), que logrará robar el oro portugués del banco, y posteriormente crear un ejército que pondrá en jaque el poderío lusitano. Con la ayuda de los terratenientes y criollos de la capital, que asesinan al Gobernador portugués un día de fiesta (otro chirrido: El Gobernador ostenta en su palacio el escudo de España por un lado, el borbónico, y por otro lado aparece una bandera portuguesa verdi-roja, que es la bandera de la República, la actual, no la decimonónica), y proclaman la Independencia de Queimada. Pronto, las desavenencias entre José Dolores, héroe de los antiguos esclavos por un lado, y los terratenientes blancos por otro, influidos por la filosofía comercial británica, se harán notar en la isla, convertida en República.

         Lo que iba a convertirse en un paraíso postcolonial, resulta que se convierte en un infierno en toda regla en solo diez años. William Walker, retirado, y dedicado al noble arte de darse hostias en la mitad de los tugurios del continente europeo, vuelve a ser requerido a Queimada para intentar parar a un José Dolores fortalecido, que practica la guerrilla contra el nuevo gobierno, y que ha cambiado la política de cortar cañas de azúcar por cortar cabezas entre los plantadores, lo cual pone en peligro los intereses comerciales de la Sugar Royal Company británica que no pagan lo mismo por cabezas que por azúcar.

         William Walker deberá poner en práctica toda su astucia para intentar detener al que, en un tiempo fuera su pupilo y amigo, utilizando para ello unos medios de contra-guerrilla, que traerán más muerte, sufrimiento y miedo al pueblo de Queimada, y de paso involucrando a Gran Bretaña en el conflicto.
“Queimada” es la historia, lamentablemente, de muchos países de América Latina, no ya del S.XIX, sino también del S.XX, hasta hace bien poco. Es de visionado obligado, imprescindible.