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sábado, 29 de octubre de 2016

Los Cien Caballeros



         He de reconocer que “Los Cien Caballeros” (1964) es una de las películas más extrañas y raras que jamás haya visionado. Es tan mala, que no entiendo que no sea una película de culto. Estamos en un pueblo cristiano, situado en mitad de la tierra de nadie. Es el año 1000, y el pueblo no depende de Castilla, ni tampoco del Califato de Córdoba que se encuentra en debacle (supuestamente, porque la película es más Historia-Ficción que otra cosa). Un pintor románico, que rompe la cuarta pared, la del espectador (como hace actualmente Deadpool, al que tachan de revolucionario por hacerlo, y ¡Oh, Mirad! ya lo hacían hace casi sesenta años), nos invita a ver su fresco mientras mezcla los pigmentos y se ofrece a narrarnos la historia de “Los Cien Caballeros”.

       Al comienzo, los aldeanos andan revolucionados por la venta del trigo de la temporada. Entre los dimes y diretes con el comerciante, Fernando, aparece un ejército musulmán, capitaneado por un jeque árabe ¿?, llamado Abengalbón (ya lo sé, no preguntéis). A Fernando unos bandidos le roban el trigo, que a su vez es robado por los musulmanes, los cuales proponen montar una cooperativa agrícola en el pueblo ¿? Fernando, que a la postre, resulta que es hidalgo, decide apoyar junto a su padre (que aparece disfrazado de Don Quijote) a los campesinos y aldeanos en su revuelta contra los musulmanes…

      Errores históricos, los hay por miles, algunos se me habrán escapado, pero estos me han rechinado mucho: En arquitectura, arcos conopiales (góticos) y mixtilíneos (hispanomusulmanes, no aun dentro de la arquitectura cristiana), rejerías góticas. Cristianos demasiado limpios. Mujeres con mucho poder para la época (desgraciadamente, a las mujeres se les relegaba y no tomaban decisiones político-económicas), tipos quijotescos, puertas del S.XIX, escenas ridículas y casi humorísticas, castillos renacentistas, se habla de Museos, mezcla de los tres estamentos, aparece la Majestad Batlló a tamaño natural… El caso es que es una película para pasar el rato, entretenida, pero no le pidas peras al olmo, porque no pasaría un examen de Historia, ni de Calidad, ni a la de tres. Yo, a ratos, me he reído a carcajadas, de las múltiples chorradas a las que se te expone. Casi dos horas de pura absurdez, pero pienso verla veinte veces más.



      P.D: No me preguntéis, pero hay una batalla final en Blanco y Negro.

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