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viernes, 12 de agosto de 2016

El cordel (y otros cuentos). Guy de Maupassant




        La vida del escrito francés Guy de Maupassant (1850-1893) fue, a todas luces, bastante insípida, hasta que un día, este buen hombre, comenzó a escribir. Era hijo de padres divorciados, y fue educado bajo la mirada de su madre que lo marcará de por vida. Su madre era íntima amiga de Gustave Flaubert (incluso se decía que este era su padre natural, con su verdadero padre se llevaba a matar). Se crio en Normandía, trabajó junto a Flaubert y con Émile Zola, pero sin querer vincularse a ninguna escuela o corriente literaria, prefería no tener ataduras de ningún tipo. Funcionario de varios ministerios, era un tipo misógino, bastante pesimista, enemigo acérrimo del matrimonio y, al parecer, bastante adicto al sexo (pero no al amor).



         Para el libro colectivo que preparaba Zola, “Las veladas de Médan”, publicó un pequeño cuento “Bola de sebo”, (que en este librito que os presento no viene, por cierto), que lo va a catapultar al estrellato literario.  Eso sucedió en 1880, y desde entonces comenzará a publicar libros de cuentos, de los más variopintos, junto a algunas novelas, obras de teatro, de viajes, artículos periodísticos y algunos libros de poesía. Se hizo bastante rico para la época, compró propiedades, se volvió un misántropo, y se hizo un remero respetado, pero siempre huyó de todo tipo de relaciones sociales, aunque se solía juntar con gente de reputación más bien dudosa. Incluso renunció a La Legión de Honor.

        Sus problemas psicológicos (“Miedos y pánicos heredados”), junto a una continua migraña, le hicieron meterse en el mundo de las drogas (al parecer, sobre todo, cocaína) que aceleraron sus síntomas de demencia, sus problemas nerviosos y que hicieron que intentara suicidarse con un abrecartas, al menos, en una ocasión. Murió, recluido, en un centro psiquiátrico.

         El librito que os presento (“El cordel” y otros cuentos) es un pequeño recopilatorio de este autor tan interesante. Son relatos cortos, directos y sencillos, sin nada de barroquismo, que vienen a reflejar muy bien, por una parte, la realidad de la época que le tocó vivir, y por otro lado la capacidad de Guy para conectar con el lector, a través del guiño, del cuento con moraleja, y más aún con la psicología humana. Más humano que otra cosa. Altamente recomendable.



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