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domingo, 5 de junio de 2016

Warcraft. El origen.

      Los que tenemos algunos años, y somos fans de los videojuegos clásicos, no podemos olvidar el mítico Warcraft, de Blizzard. Aquel juego de estrategia, donde por un lado teníamos a La Alianza, con sus caballeros, magos, grifos y enanos, y sus arqueros elfos, y por otra lado La Horda, con sus orcos, sus dragones y sus goblins voladores.

(Me pillas urbanizando)

       Es cierto que han pasado más de veinte años de aquello (salieron en 1994 y 1995, las dos primeras versiones. Ay!, que tardes de emoción), y que el Universo Warcraft ha evolucionado hasta convertirse en una gran franquicia de pago y entretenimiento a raudales, donde abundan los avatares por todo el mundo. Es un juego, que a día de hoy, mueve millones de leuros. Eso está claro.

 (¿A qué mola mi armadura?)


      No sé si fue ese viejo romanticismo, o la presencia de Travis Fimmel (“Vikingos”) en la película (“Lothar”), lo que me hizo plantearme ir al cine a ver la película, deudora del juego. La verdad sea dicha. A los diez minutos ya te das cuenta de que estas ante un bodrio de mucho cuidado. Comparable a la malísima “Dragones y Mazmorras”. Te encuentras con una narrativa torpe, mal cuidada, realizada a trazos, en un continuo Cortar y Pegar, que hace que parezca que estés ante una obra de teatro de las malas. La historia no sigue un desarrollo ni siquiera aceptable. Las referencias a otras películas (Narnia, Cristal Oscuro, Excalibur, Willow, Avatar… Y alguna que me dejo en el cajón) son continuas, palpables, y añaden guiños al espectador que bosteza o que mira el reloj pidiendo la hora, como en el fútbol. Los personajes no conectan entre ellos, no hay un “feeling” que enganche al espectador en la trama. La música, eso sí, es muy interesante, se salva.
 (Este es experto en estética orca)

      Pero, lo mejor, en este caos, posiblemente sea la fidelidad al juego en cuanto a vestuarios, personajes (que no su desarrollo como digo) y paisajes. En todo eso, afortunadamente, aciertan. No salen mis queridos lerendos cortando árboles, ni los elfos arqueros, ni los enanos en sus globos voladores, supongo que saldrán en las próximas películas… Pero la colección de armaduras, espadas, castillos y las estructuras, tanto humanas (que mezclan el románico, con el gótico, con la arquitectura bizantina) como orcas son dignas de mencionar, y de ver.

      El caso es que, o lo arreglan en la siguiente película, porque tiene pinta de trilogía, o la terminan de hundir definitivamente. Creo que me quedo corto en mi crítica, y no quiero hundirla del todo…




      P.D: Las imágenes de esta crítica las pillé de internet. No te dejan hacer fotos en mitad de la película. Otra coisa: A día de hoy, mientras escribo este post, algunas páginas especializadas en cine, le dan una nota media de 7 a Warcraft. El Origen. Ya sabéis que yo no tengo ni puta idea de cine, pero… ¿Un 7?, ¿Nos hemos vuelto locos?.



2 comentarios:

La Gatera dijo...

No esperábamos ni más ni menos de la película, pero tu comentario nos ha hecho sonreír :)

Duncan de Gross dijo...

Muchas Gracias, como siempre, La Gatera. Eres una lectora fiel de nuestro blog, y no sabes lo que te lo agradecemos. Mil Gracias por no olvidarnos y pasarte por aquí. ;-)