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domingo, 12 de junio de 2016

Metrópolis. Fritz Lang.

       Lo reconozco. Hasta esta semana no había visto (entera) Metrópolis (1927), de Fritz Lang. Conocía solo algunas partes de la película, esos rascacielos enormes neoyorkinos, la figura robótica, antropomórfica, tan característica, y que el argumento giraba en torno al siglo XXI. Pero poco más podría haber contado de este clásico del cine mudo.
 (La versión de 2010)


       Me hice con una copia de la versión restaurada de 2010. La famosa que contiene los 26 minutos inéditos (encontrados en Buenos Aires un par de años antes), y me dije que de esta semana no pasaba. Café en mano, a los pocos minutos estaba absorto en el argumento. Al principio, ciertas cosas me recordaron a Chaplin en Tiempos Modernos. Esa mecanización, inhumana. Esa humanidad dividida en dos grandes sectores, muy diferenciados. La arquitectura, los rascacielos, con enormes ventanales, muy relacionados con la Escuela de Chicago (Richardson, Sullivan...) y el exotismo de los jardines, te hacen ver los continuos guiños al mundo del Arte, en el expresionismo alemán de entreguerras y el esos trajes tan Decó que se me gastan.
(El malvado ser robótico)

       La historia en si podría ser perfectamente interpretada a lo largo de toda la historia de la humanidad. Como decía antes, una sociedad dividida entre unos privilegiados que viven en la superficie de la gran megalópolis, Metropolis, que son los que controlan el cotarro. Y una enorme masa obrera, que vive en el subsuelo (en ese lugar de sombras que me recuerda al Mito de la Caverna de Platón), que trabaja para mantener a los que viven arriba. Aparece entonces Maria, una guía espiritual que insta a los trabajadores a cambiar su estatus, no por la vía violenta, si no a través del cambio de la propia sociedad, un cambio pacífico dirigido por un "Mediador" que unirá a las dos sociedades...
(Cambio de turno en el subsuelo)

       Y no os cuento más, por que estoy seguro de que no la habéis visto, y no seré yo el que os cuente la película entera. Hay bastante de Marxismo en el planteamiento de la película, la lucha de clases (que por lo que plantea Lang, no llega a buen término), el corporativismo (utópico, supongo) entre las diferentes clase sociales...

       Me ha gustado mucho. Es una película para ver más de una vez, para diseccionarla, para comentarla más largo y tendido. No me extraña que sea considerada como parte de la Memoria del Mundo por la Unesco.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Coincidido en todo con usted.