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domingo, 10 de abril de 2016

Palmeras en la nieve.

   Reconozco no haberme leído el libro. Pero de “Palmeras en la nieve” solo me interesaba ver Guinea Ecuatorial, o al menos la visión que le dan. Recuerdo que, en los ochenta, una vez un profesor de Geografía comentó en clase: Llegará el día en que España se arrepienta de haber perdido Guinea Ecuatorial. En su día, la verdad, no lo entendí. En clase bostezábamos determinadas arengas y Guinea no nos sonaba de nada. Pero hoy creo, más o menos, entender a qué se refería.


(Cartel de la película: Si pusiera "Pearl Harbor", también colaría)

   La película (del libro no hablo hasta que no me lo lea) es, en mi opinión, un pastelazo de mucho cuidado. Me recuerda a aquellas viejas superproducciones americanas. Los escenarios, la fotografía, el paisaje… Impresionante, y quizás poco más. La noche guineana, casi una copia de aquella imagen de La Habana de los 40-50 del S.XX, faltan los coches clásicos, bueno, en realidad, sale alguno también… Bandas de música, trajes impecables, bailes de ensueños, putas… El día, lleno de malvadísimos españoles: No me pegue más Gwana, por favor Massa, ilumíneme con el blanco de su piel. Ese rollo nazi de la superioridad racial, discriminación, pensamientos de emancipación. Plantaciones inhumanas al son de canciones, no preguntes que cantan, cantan para no pensar. Y es que los españoles siempre fueron unos esclavistas, más que los holandeses, portugueses, estadounidenses e ingleses juntos, si no que se lo
pregunten a Spielberg y su inolvidable “Amistad”. Los latigazos, a diario, peores que los belgas en el Congo.



(Estos no salen en toda la película, ya es raro)

   Al chico, Mario Casas, no le entiendo bien cuando habla. Problema mío, no de él. Inexpresivo como una escultura clásica griega, como el Discóbolo, pero sin el plato. Adriana Ugarte, en mi opinión, se salva, con frases cosidas con hilo fino, aunque es difícil salvarse entre tanta cursilería y dialogo realizado a golpe de andamio. Predecible como ella sola, con su buena dosis de serpientes (60 por metro cuadrado), violencia hacia la raza negra gratuita (ya digo, era lo normal en la Guinea española, maltratos y vejaciones diarias, asesinatos, me gusta recalcar esto. Crímenes contra la Humanidad en todo momento), y ese contraste entre los españoles (civilizados y católicos, cultos y repipis como ellos mismos) y guineanos (casi todos paganos, con el pecho al aire, las plumas y el arco, con una buena dosis de hechiceros, brujos y conjuros, todas esas cosas tan normales). El rigor histórico es indudable…
 (Esta foto da un yuyu impresionante, se comenta solita)

    Berta Vázquez, que conozco de la serie Vis a Vis, es imposible no fijarse en ella por su espectacular belleza. Tampoco tira muchos cohetes actuando, pero salva los platos. Pero la culpa no es de ellos, de los actores forzados que parecen maniquíes entre tanta palmera, es del culebrón montado, que en realidad, se sostiene de milagro… No veo que pase nada, en realidad, la película es muy lenta, aderezada con kikis, que para eso la película es española, y tiene que haber trinqui. Kikis en el pasado, kikis en el presente. Todo muy interracial, eso sí, no vaya a ser que nos critiquen.
(Malvados españoles confraternizando con guineanos, antes de que empiecen los latigazos. Nótese el mal rollo)

    En fin, película muy recomendable para que veamos lo malos e hijos de puta que fueron los españoles en las colonias. Otro sentido no le veo. Yo es lo que me llevo a la cama. Es dificl no odiar un país con un pasado tan malo, con tanto malnacido. Con un ametrallamiento final, merecido claro está, que yo personalmente desconocía, de españoles en el puerto, a bocajarro, que llegas hasta celebrar con: Oé, oé, oé... (La verdadera historia, en este enlace: http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2016/01/12/5693dd5cca4741d7618b4627.html ) 

    Y es que, hay tanto por lo que pedir perdón… Cuanto rigor histórico (insisto).


P.D: Las fotos no son mías, me las he agenciado de Google. Si hay algún problema de Copyright, avisa, la quito y pongo otra de las miles que hay por ahí pululando...


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