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lunes, 8 de febrero de 2016

El Juego de las Golondrinas. Zeina Abirached

A pesar de que ya tiene unos años, hasta hace poco no me hice con "El Juego de las Golondrinas", un cómic impresionante, donde su autora, Zeina Abirached, narra con una abrumadora ternura la que fue su infancia en el Beirut de los ochenta, el Beirut de la guerra civil libanesa. 

Entre bombas y francotiradores, la familia de Zeina intenta sobrevivir en una casa que se ha ido reduciendo, poco a poco, en un solo espacio seguro (la entradita). De ser un hogar, con un orgulloso tapiz herencia de los abuelos y de una impasible lámpara de araña se transforma en un silo claustrofóbico, sin luz y sin comunicación, y donde, entre tanto horror y muerte, obuses a media noche y desaparecidos diarios, la fuerza de la amistad, de la familia sigue siendo imprescindible para superar el día a día en el infierno en el que se había convertido una ciudad que poco antes rebosaba alegría. Con el barrio lleno de trampas, contenedores donde esconderse y cascotes de edificios bombardeados. Terrible el mapa que nos presenta con las claves para evitar al francotirador.

Es una historia impactante, a la vez que fascinante y llena de esperanza. Una esperanza basada en un futuro que será cercano, que será de paz, en opinión de algún personaje. El vínculo que se establece entre todos ellos es revelador de la naturaleza humana. 


Tengo que reconocer que desde las primeras páginas, el cómic me recordó mucho al de "Persépolis" de Marjane Satrapi, que también leí hace unos años (y cuya adaptación tuve la suerte de ver en pantalla grande), por el uso del dibujo y del blanco y negro para narrar la historia. Aunque en este "El Juego de las Golondrinas" abunda más el silencio en las escenas y en las viñetas, que narran con solo mostrar (no hace falta explicar mucho al lector que se enfrenta a la página). Zeina Abirached se apoya más también en la geometría de sus personajes, a veces en el dibujo simétrico, y el hilo narrativo, magistralmente enlaza con la historia que nos cuenta (Ojo!, que con esto no quiero decir que no suceda lo mismo en "Persépolis"). Dulzura y tragedia se entremezclan con pasmosa normalidad. Ahora en una escena de espera, con miles de cigarrillos mediante, ahora en la inquietud de la suerte que corren los personajes, bajo el fuego artillero (suyo-nuestro) que llegan a ser íntimos para el lector. 

Este es un cómic de esos que, tristemente, no pasarán nunca de moda. Desgraciadamente, todos los días nos encontramos calles bombardeadas, familias que huyen de conflictos y niños que, marcados por el horror, miran al fotógrafo de turno al objetivo preguntándose ¿Por qué, hasta cuando?





Aviso sobre las fotos: La de la portada es mía, del ejemplar que me he leído. Las demás, me las encontré en Google.