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miércoles, 6 de enero de 2016

Blackmark. Gil Kane.

 La verdad es que antes de ponerme a escribir sobre Blackmark, he llegado a tener dudas si catalogarlo solo como un simple cómic, o no, y ha primado la segunda opción, por que creo que hubiera sido injusto rebajarlo (en el buen sentido, no es peyorativo), al escalafón de los cómics por que si, sin más, siendo merecedor de otros apelativos... Como puede ser el de Novela Gráfica, algunos dicen que la primera de su género, otros dicen que una de las más significativas, sonde el texto y la viñeta conviven sin hacerse ascos, sin molestarse, en una perfecta simbiosis complementaria que la hacen ser una historia de lo más atractiva...


También he de reconocer que he tardado varios meses en decidirme por Blackmark, mi primera inspección no fue agradable. Pensé que menudo "truño" había adquirido, simplemente guiado por el nombre del ya fallecido Gil Kane, que me sonaba de haber dibujado Green Lantern y poco más, pero que mi cerebro tenía en el pedestal de los grandes dibujantes de la segunda mitad del S.XX indiscutiblemente.  

Después, como suele pasarme, tras leer las seis o siete primeras páginas, mi impresión inicial cambió, y me dí cuenta que estaba bien equivocado con Blackmark. ¿Pero, quién es Blackmark?, Blackmark es el nombre de un niño, de un esclavo, de un guerrero... En definitiva, de un hombre. En una Tierra post-apocalíptica, donde la Guerra Nuclear ha arrasado con casi todo, nos encontramos a los pocos humanos que quedan organizándose en reinos feudales (con algunas diversiones que recuerdan a la vieja Roma), esperanzados en iniciar una nueva vida e intentando olvidar a la Ciencia, a la que acusan de ser la culpable de todo y a los científicos, considerados sus diabólicos adoradores y hechiceros de mal augurio. Frente a ellos, una serie de poderosos mutantes, con poderes mentales, que pretenden dominar el planeta y acabar con lo que queda de la raza humana, cada vez más estéril. 

Casi desde el inicio, la novela te retrotrae, o por lo menos esa ha sido mi impresión, a los cómics de Flash Gordon de los 70 (no en vano, Blackmark se editó primero como un serial a lo largo de los setenta, antes de salir como el volumen único que yo poseo en el 77), pero también recuerda a la etapa dorada de Conan el Bárbaro, Brujería y Espada, mujeres contundentes, violencia, torsos en lucha... Con los tintes que podría aportar Johnny Quest en cuanto a fauna y flora... Y seguro que aún así, a bote pronto, algo se me escaparía (¿Toques de Barbarella?). 

Un dibujo enérgico (blanco y negro), expresivo, y una historia bien narrada, dejan, al final, un buen sabor de boca con este Blackmark. Leído y disfrutado.