lunes, 26 de abril de 2010

El Vuelo de Altaris


Nos ha costado Amiguetes, pero después de un largo año de trabajo, Micho I de Gato y yo, Duncan de Gross, tenemos el honor de presentaros "El Vuelo de Altaris", un compendio de Relatos Cortos y dibujos adjuntos que hemos ido redactando, seleccionando y retocando. Lo hemos editado por Bubok, igual que "¿Cómo Quieres Que Cuente Estrellas?" y esperamos que sea tan exitazo o más. Del prólogo se ha encargado el amigo José Antonio Delgado Magariño, alias "Gato", que como profesor de Comunicación Audiovisual y Licenciado en Historia del Arte da una acertada visión del libro, que viene a definirse dentro de cierto Realismo Social. Los incondicionales de "¿Cómo Quieres Que Cuente Estrellas?" encontraréis en "El Vuelo de Altaris" un nuevo toque literario dentro del peculiar universo de Duncan de Gross donde los personajes se mueven dentro del Arte, el mundo gatuno, la literatura y muchas veces, la soledad, el misterio y la melancolia teñidas con someras notas de humor irónico. Son Relatos que, en ocasiones, no cuentan nada, o quizás si, y que dejan abierta la puerta de vuestra imaginación, en un punto y aparte reflexivo...




Espero que os guste y que lo disfrutéis tanto como Micho I de Gato y yo en realizarlo para vosotros. Muchas Gracias por seguirnos. Y como diría mi difunto Michel IV de Gato: ¡¡Bloodys&Absentas!!

jueves, 22 de abril de 2010

¿Qué es para ti la felicidad?


... "¿Qué es para ti, oh gran Duncan de Gross, nacido bajo el Signo de Orión, la felicidad?", me espetó dichosa y divertida mi mercera, Aracne, con sonrisa complice. "¿La felicidad?, respondí utilizando la mayeútica socrática. "La felicidad es el ronroneo de un gato o un buen trago de absenta.", y los dos reímos a carcajada limpia...

martes, 20 de abril de 2010

El Violinista en el Tejado


“Se te nota algo cansado”, me dijo Micho I de Gato nada más entrar en el Patio-Lavadero. Tomaba los últimos rayos de la tarde en el mismo lugar donde hace un par de años, mi desaparecido Michel IV de Gato promulgaba la independencia y nacimiento de la Republica Independiente del Patio-Lavadero y declaraba el Estado de Excepción de la mitad de la casa.
“No paro, Micho.“ le comenté echándome a su lado. “Entre exámenes, reuniones y viajes… No tengo ni un minuto para escribir en Arte Extremadura o estudiar las oposiciones, y comienzan el 25 de Junio…”. Micho ladeó la cabeza, olfateando con su hocico el aire. “Te veo de nuevo en el paro, Duncan de Gross.” Maulló. Y la sola idea de verme de nuevo buscando trabajo hizo que un escalofrío me recorriera la medula espinal de arriba abajo. Eso y que me había apoyado encima de una piedra. “Míralo por el lado bueno…”, susurró Micho enigmático, “…Volverás a vivir intensamente la boheme de nuevo. Nuevas performances, nuevos cuadros y poemas… Y, en circunstancias extremas es cuando Clio, la ligera de ropa, te dicta al oido las mejores historias...”, remató mientras se levantaba, y con la elegancia que un gato frac puede tener, se dirigió a la puerta. “¿Qué vamos a ver esta noche?”, preguntó jovial, cambiando radicalmente de conversación. “El violinista en el Tejado”, le contesté incorporándome. “Bien, parece interesante.” susurró, y su sombra desapareció tras la esquina del pasillo.

lunes, 12 de abril de 2010

La Mecánica del Corazón.


...Terminé de leer la última frase del libro y el silencio invadió el Salón. Micho I de Gato, al cabo de unos diez eternos segundos, se movió incómodo en su Puff naranja: "Es la historia de amor más triste que jamás me hayan contado.", siseó echando sus orejas puntiagudas hacia atrás. Su pelaje de gato frac le dio un aire muy solemne a sus palabras. Mi diosa, la Gran Atenea, nacida de la cabeza de su padre y enemiga acérrima del paracetamol y de la LOE, depositó cuidadosamente el casco dórico que reposaba en su regazo en la mesilla y, ajustándose el peplo jónico, dijo con aire ausente: "Por Hades, necesito una maldita copa Duncan, casi me haces llorar...", y se levantó pesadamente dirigiéndose a la cocina. Yo acaricié, casi con un mimo inaudito, la tapa del libro, mientras veía como Micho se acercaba, con aire melancólico, a la ventana que da a la Avenida. "Una absenta para mi", musité a mi deidad, y me quedé absorto viendo una imagen cotidiana de Badayork, un pegaso posándose graciosamente en un tejado cercano...





P.D: "La Mecánica del Corazón", de Mathias Malzieu. Un breve relato sobre lo que puede llegar a doler el amor verdadero dentro de un corazón muy especial...

jueves, 8 de abril de 2010

Gato bípedo



...A este solo le falta pedirse un par de botas...

lunes, 5 de abril de 2010

El Vellocino de Oro



Volvía de hacer la compra (pan y latas de atún básicamente), aprovechando los primeros rayos solares primaverales que asoman por la vetusta, cateta y provinciana ciudad de Badayork. Por la acera de enfrente me pareció ver a la hermosa Perséfone que, de la mano de su madre, observaba entusiasmada los dorados Gatos de la Suerte del escaparate del Chino de la Avenida moviendo, hieráticos y misteriosos, sus patitas en un balanceo casi hipnótico. De su marido el Juez, y sus acólitos, no había ni rastro. Aracne pasaba la escoba en la puerta de su Mercería y me dedicó una sonrisa a modo de “Buenos Días”.

Más adelante un sudoroso Sísifo arrastraba su enorme maleta, como a diario, hacía el misterioso autobús que lo lleva a su incierto destino. Un grifo surcaba el cielo, impasible, con un enorme e infeliz borrego entre sus afiladas garras. “Un día normal en Badayork”, pensé, mientras arrancaba un trocito de baguette y me lo llevaba a la boca. Entonces fui testigo de un hecho insólito. Un joven discutía, acaloradamente, con un hombre-anuncio de “Compro Oro” el precio de un vellocino compuesto, al parecer, del codiciado metal. El hombre-anuncio decía que era una vulgar imitación, y el joven contestaba que no podía mal venderlo, que necesitaba el dinero y quería más de lo que le ofrecían. Al parecer, un gato le había llegado a ofrecer el doble de lo que le daba el hombre-anuncio y había rechazado su oferta. Muchos viandantes, entre los que se encontraba mi adorada compañera del Club de Tiro con Arco, Diana, y el engreído de su hermano, Apolo, comenzaron a formar un círculo irregular de curiosos alrededor de los dos hombres. Unos decían que el hombre-anuncio tenía razón y otros que el joven, de nombre Jasón, estaba siendo timado. Al final, cansado del show callejero proseguí mi camino. Cuando llegué al portal de nuestro piso, Amparo, la esfinge del rellano, se me acercó ufana y con ojos inhumanos me siseó un enigma sencillo: “Si me nombras desaparezco, ¿Quién soy?”. “El Silencio”, respondí con una media sonrisa que presentaba, desde mi perilla, mi maltrecha mandíbula empastada. Satisfecha, se retiró dejándome el paso libre, y se acurrucó en el hueco de la escalera, a la espera del cartero o de algún inquilino al que abordar. Cuando llegué a casa, Micho I de Gato leía en el Salón “Los Subterráneos” de Jack Kerouac. “No te vas a creer lo que ha pasado cuando te fuiste esta mañana”, me maulló enigmático, “No me lo digas”, le interrumpí mientras me preparaba un chupito de absenta en la cocina, “Un tipo te ha intentado vender un Vellocino de Oro, ¿A qué si?...”.