lunes, 22 de marzo de 2010

Bismarck y el Castigo de Dirce



Con un trazo rojo acabé de corregir el último examen y respiré, pesadamente mientras me recostaba en la silla.


- ¿Ya has terminado? -, inquirió Micho sin quitar ojo de la tele. Estaba viendo un documental en el Canal de Historia sobre el Crac del 29.
– Por fin, si. Necesito un buen café con leche, me lo merezco -, le contesté guiñándole un ojo. - ¿Quieres uno?. -.
– Descafeinado para mí, sino te importa. – Pidió Micho mientras me incorporaba. - ¿Alguna barbaridad en tus exámenes?.
- Uff, muchas. Le contesté desde la cocina.
- Dime alguna que me ría, maulló Micho con sorna.
- Pues verás, para mí, la más graciosa… Y no pude evitar una media sonrisa mientras metía las tazas en el microondas… Es un alumno que en las definiciones me ha puesto en Bismarck: “Bismarck: 5´90 con patatas grandes en Mac Donald´s”. Verás cuando se lo cuente a Atenea, mi diosa entre las diosas, lucero de la verdad en la oscura noche de la ignorancia…
Y Micho no pudo evitar maullar con un descosido y risueño alboroto mientras yo, un poco triste, sonreía pensativo.


- ¿Sabes algo de Anfión y Zeto?, le pregunté a Micho cambiando de tema y echando un poco de sacarina en su descafeinado.
- Nada. Contestó Micho. Supongo que seguirán arrestados después de la que montaron la semana pasada con la desdichada Dirce.
Asentí con la cabeza y di un sorbo a mi café. Los gemelos, Anfión y Zeto, dos jóvenes ejemplares, uno músico en la Orquesta de Extremadura y otro un conocido ganadero de la Dehesa, habían atado a una vecina que conocíamos de vista, Dirce, a las astas de un toro (propiedad de Zeto) que la había arrastrado por media Avenida. Fue espantoso. Hasta Amparo, la Esfinge del rellano, se había estremecido ante tan cruel suceso. Ellos no paraban de gritar que lo hacían por venganza a lo que Dirce le había hecho a la madre de ambos, Antíope.
- Supongo que todo fue por malos rollos entre vecinos, un momento de locura y... Maulló Micho con una gran madurez, pero no llegó a terminar la frase. El documental ahondaba en el economista norteamericano Keynes y el New Deal de los años treinta y Micho, el gato del eterno y elegante frac, se inclinó para oír mejor…