En "¿Cómo quieres que cuente estrellas?" utilizamos fotografías encontradas en Google para ilustrar las diferentes entradas del blog. Si alguna es tuya, o tiene derechos de autor, y no quieres que salga en el blog, avísanos y la cambiamos por una del Conde-Duque de Olivares. Gracias.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Evaluación...


Ufff, la verdad es que nunca imaginé que una evaluación diera tantos problemas. Anoche estuve hasta bien tarde corrigiendo algunos trabajos y exámenes. Micho se retiró pronto al Patio-Lavadero, estaba ilusionado con el librito de Lovecraft que venía con El País del domingo y quería dormirse leyendo... Mientras, yo, huérfano de musas y diosas, con dos cafés entre pecho y espalda, me batia en duelo con miles de incoherencias y faltas de ortografía... Apenas dormí nada porque a eso de las cinco y media de la mañana, con una niebla que se podía cortar con un cuchillo y servirse con el desayuno, partí de Badayork camino a Castuera. Micho dormitaba aún, como un tierno peluche blanquinegro, en la Gatera Real que un día fuera Palacio Soberano de Michel IV de Gato...



Miles Davis, Norah Jones y Fat Domino me acompañaron todo el trayecto, haciendo más amena las casi dos horas de coche ("El Grajo Milenario" se porta bien) y más llevadera la vorágine de pensamientos sobre exámenes, fecha de entregas, reuniones del CCP, de departamento, etc. ¡¡Ni siquiera tengo tiempo para estudiar mis propias opos!!. La evaluación comienza a partir del 2, pero previamente debemos tener todas las notas metidas en "Rayuela" (programa informático de la Junta).


De 88 alumnos que tengo (curioso, pero también somos 88 profes en el claustro), va a aprobar el 90%. Y no porque yo pase mucho la mano, sino porque se nota que en los últimos diez días se lo están trabajando, con actividades, trabajos, etc. He renovado hasta el 11 de diciembre (la siguiente renovación sería hasta el 15 de enero), y a partir de la próxima semana me pondré a saco con la segunda evaluación, aunque en los 20 días, puente de por medio, poco podré hacer...





Que vontades tenho de relajarme uns dias, tranquilamente, na boa companhia de Micho, nossos livros e conversas, e os mitos que temos a sorte de desfrutar...

jueves, 19 de noviembre de 2009

Sonaba Marisa Monte...


Sonaba Marisa Monte en el Salón, “Bem que se quis” afirmaba la rapariga acompañada de un ligero jazz, con la delicadeza de un beso sentido y largo, sincero… Había sido precedida de Rodrigo Leao, de la fuerza de Dulce Pontes, con ecos aún de Caetano Veloso y María Bethania pegados al quicio de la ventana que da a la Avenida, y yo me servía mi segundo chupito de absenta mientras leía el último post de Eduardo Punset. Micho I de Gato, absorto, escuchaba sentimientos en portugués, con los ojos medio cerrados, echado en el puff gatuno recién adquirido (“Casa”, 21,90 euros). Pocos conocen este dato, pero debéis saber que los gatos entienden perfectamente el portugués, aunque no lo hablan casi nunca, y cuando lo hacen, se expresan con acento alentejano, que recuerda a casas viejas, blancas, de ventanas con geranios y tejas de un rojo apagado, calles empedradas, a café sólo, negro, africano, de puchero, a librería polvorienta de recuerdos y revoluciones sociales lideradas por claveles que caen por el sumidero melancólico de personas ya olvidadas, que nadie se molesta en escuchar…


La tarde, melancólica, moría afuera, y Micho bostezó lánguidamente, se irguió, y curioso se asomó, con aplomo, por la ventana, por aquel enorme ojo transparente testigo de mil historias. Se mantuvo allí, erguido, largo rato, observando a los grifos que vuelven de asolar las Vegas del Guadiana… Aracne, la modista, cerrando su pequeña mercería… Polifemo vendiendo los últimos cupones… Sísifo regresando con su enorme maletón… Micho bostezó en el mismo momento en que mi gran diosa Atenea se aparecía en mitad del Salón con la prensa diaria bajo el brazo, con el estropicio característico que ocasiona mi deidad con cada aparición: la lanza da en el techo que anda todo arañado, el broncíneo escudo choca contra la puerta que anda astillada en un par de sitios, todo se llena momentáneamente de humo y lo primero que pide, antes que saludar, es un café cargado… “¿Traes El País?”, pregunta Micho volviendo al puff, “Déjamelo que hoy no lo he leído…”, maúlla mientras pide un descafeinado de sobre para él, y soltando el chupito de hada verde me voy a la cocina a prepararlo todo mientras que la Niké de mi divina Atenea se posa en la mini-cadena como una cacatúa mitológica y ella, con la armadura puesta, el peplo dórico de los días de diario (el jónico para los domingos) y el yelmo griego se tropieza al intentar sentarse…

martes, 10 de noviembre de 2009

Gatos... Por Sabina.


...Enredando por internet, por variar, me he encontrado estos versos de Sabina dedicado a los gatos, y mientras escucho el jazz sosegado de Terence Blanchard y las primeras estrellas comienzan a iluminar, timidamente aún, la noche de La Serena, me he vuelto a acordar de los diversos felinos que me han acompañado, y me acompañan, en mi interesante vida de poeta miodesópsico, pintor descontructivista, esporádico arquero, bohemio de Colón Irritable y empedernido contador de estrellas adicto a la absenta, compañero de viaje de deidades antaño olvidadas, pero no por ello finiquitadas... Gatos. Espero que os guste, y sino, las culpas a Sabina ;-)
GATOS


No obedecen al amo
los gatos
pero saben que los dioses son ángeles
caídos.
No babean por huesos
los gatos
pero suelen
abrigarle el silencio
a las viudas
y estirarse en la alfombra
y bostezar
como si hubieran heredado
el sol
y dormir y dormir
arzobispales
y cazar una mosca
haciendo ochos.
Adoran los cojines
los gatos,
se ovillan en rincones
inauditos,
alacenas, rendijas,
claroscuros
ignotos donde cabe
un alfiler,
recelosos y altivos,
sin carnet,
baberos de bebés
sin cochecito,
cunitas para huérfanos
de todo.
Secretos micifuces
imprevistos,
qué goce contemplaros
a la hora de la siesta,
suspendiendo las mates
y aprendiendo
la impúdica lección
de la vida privada
de los gatos.
J.Sabina.






miércoles, 4 de noviembre de 2009

La Lección de Micho.

La tarde era fría. Las nubes pasaban bajas, lentas y pesadas, como inmensos cruceros aéreos, mal heridos, por toda La Serena. Pensé que eran verdaderos icebergs que, navegando por el cielo extremeño, buscaban un incierto destino donde acabar su existencia. Abajo, en Castuera, no se movía ni un alma. Alguna esporádica pareja de furtivos gorriones rompían la quietud vespertina, con su fugaz aleteo, y los encinares susurraban viejas historias, allá en el valle, sobre hombres y animales que hace ya tiempo dejaron este mundo.


El café, y supongo que el humo del tabaco de un cercano par de tertulianos, me había puesto melancólico. Con esa nostalgia que tienen los que silban en la soledad de un paseo y que intentan romper, con aplomo, el eco de sus propios pasos. Jugueteaba con el móvil mientras mis miodesopsias, traviesas como trasgos habitantes de un viejo zaguán, hacían de las suyas por mi estropeada vista. Moscas deformes, filamentos opacos, amebas, que en pos de protagonismo, se agolpan en mis córneas, flotando por mi humor vitreo, como chapapote de un mar interior que yo solo tengo la paciencia de soportar, diariamente, eternamente. Me mesé la perilla y pensé en que estaría haciendo Micho I de Gato, el de elegante frac, y corazón inquieto.


¿Conversaría con la jovial y escasa de ropaje Clio?, ¡¡Oh, gran musa de delicados hombros y sonrisa grata!!. ¿Estaría la Gran Atenea a su lado inculcándole el milenario saber que sólo los gatos tienen el privilegio de conocer?, ¡Cuántos misterios guarda la aquea en su divina mirada!, ¿Acaso revisaría los viejos videos de Eduardo Punset sobre los misterios de la mente, la ciencia y la humanidad desastrosa y vil?, ¡¡No habría mejor manera de aprender cosas!!, ¿Observaría por la ventana del Salón al incauto Polifemo, vendedor de suertes e ilusiones, al misterioso Sísifo que con su enorme maleta arrastra su destino al autobús diario de la incertidumbre, o a la laboriosa Aracne, modista sin par entre los mortales abrir su merceria en la avenida china?, ¿Leería a los grandes en su camino al conocimiento, repasaría a los clásicos de la vetusta biblioteca del Patio-Lavadero?, o tal vez, solo tal vez, aguardaría como yo, la caída de la tarde, café en mano, mientras Orión comienza a asomar tímidamente, fiel a su cita, en aquel cielo disperso de jirones níveos...


Decidí llamarlo. Necesitaba saber de Micho. Oirlo. Que me saciara la sana curiosidad de saber de él. Tras varios tonos (es díficil para un gato responder a una llamada telefónica. Comprensible), lo pude oir, en un ronroneo amistoso y agradable, y risueño le pregunté: ¿Qué hacías Micho?, ¿En que estabas enfrascado?, ¿Qué interesantes movimientos ocupaban tu tiempo y tu mente ágil e inquieta?. Y casi en un susurro, apenas audible en un nuevo ronroneo, contestó: "Soñaba". Y en silencio, furtivo de mi propio pensamiento, llegué a la conclusión de que, nuevamente, un gato me había dado una valiosa lección sobre la vida...



P.D: Os quiero agradecer vuestras visitas por el blog. La verdad es que no tengo apenas tiempo para nada, el trabajo me tiene enfrascado todo el día y ya me gustaría poder parar un poco para poder visitaros y leer, como antes, todos vuestros blogs. Prometo hacerlo, en compañía de Micho, en cuanto me dejen mis labores docentes. No me olvido de ninguno/a. Seguid el camino de baldosas amarillas, contad estrellas y no dejéis de mirar Orión. Besotes y Absentas!!