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viernes, 26 de septiembre de 2008

Sísifo


Michel me ha estado comentando que hay algo que le intriga. Todos los días, desde la ventana del salón, aquella misma que los esbirros del Sr. Putin ametrallaron desde un helicóptero para acabar con la vida de Michel II, (antes de sufrir un leve percance a “manos” de Amparo, la esfinge del rellano), ve a un señor.

Un señor, me dice, de unos cuarenta años, encorbatado, con traje de chaqueta azul oscuro, pantalones a juego mal planchados, zapatos Panama Jack (69,55 en El Corte Inglés) de color negro. El señor aparece por una esquina cercana, la primera bocacalle a la derecha, y lo curioso, según Michel, es que siempre anda cargando una enorme maleta, una maleta monstruosa, pesada, una mole, una auténtica roca, con aspecto de tener más años que el baúl de la Piqué, que arrastra una y otra vez, día tras día, con un esfuerzo sobrehumano, hacia el interior del autobús numero 11, no permitiendo que nadie lo ayude en su tarea, con esa carga sobrehumana. Una vez dentro, el autobús desaparece, raudo, hacia un rumbo, para Michel (y para mi), desconocido.

El señor, todos los días, coge el autobús, a las 9,43 de la mañana, de lunes a domingo, y siempre se le ve con su pesada carga, arrastrándola, fatigado, con esa montaña de maleta inhumana, pero no rendido, tomar el autobús y desaparecer.

Intrigado, igualmente, como Michel, por aquel extraño relato. Hoy he decidido pasarme por la parada del autobús a las 9,40. En la misma, había una chica parada con un Yorkshire, vestía un traje blanco con ribetes azules (38,90 en Esfera); un joven, con pinta de hippie, pezuñas de cabra, extraños ojos, con una flauta en la mano que me dedicó una media sonrisa nada más verme, llevaba una camiseta con el lema “Electro Poppins Jazzers”; Un anciano, de huesudas manos, absorto en unos planos arquitectónicos; Becarios de Comunicación Audiovisual, cámara en mano, y un poco más adelante, dos jovenzuelos, muy simpáticos, con un vespino, presumo que robado, atracaban al bueno de Tomás Polichiollo, metido a eventual cartero.

De repente, casi de la nada, ha aparecido el autobús número 11. Los becarios y el tipo con manos huesudas, y pinta de arquitecto, han subido... Y detrás de la esquina de la primera bocacalle a la derecha, ha aparecido el tipo de la maleta, tal y como lo había descrito Michel IV de Gato, arrastrando, pasito a pasito, su pesada carga. El conductor del autobús le ha gritado desde su cabina:

- “¿Le ayudo Sísifo?. –

Y el tipo de la maleta, un auténtico Hércules, ha negado con un jadeo agotador, sin parar de arrastrar su ancla particular en dirección al autobús…

6 comentarios:

Carlos dijo...

¿Cómo podríamos llamar a estos relatos? "Mitología griega para las generaciones del S. XXI"??? Mmmmm no. Suena a tesis doctoral jajaja. Pero tus historias siguen siendo una forma original de traer los mitos al presente y dárselos a conocer al personal. ¿No has pensado en hacer algo parecido en clase, si alguna vez tienes la oportunidad? Jeje. Sería una buena adaptación ;P

Lupita dijo...

De acuerdo con Carlos, usar personajes cotidianos para narrar historias mitológicas es un buen recurso...

la pequeña candi dijo...

Me gusta.

danae rain dijo...

Hoy tengo ganas de comentar jeje.
Primero: Michel parece muy interesado en la vida ajena, espiando a la peña,dando pelos y señales de todo. Es un buen cronista.
Segundo:es curioso, no encuentro ahora otro adjetivo, no sólo lo minucioso de la descripción de los personajes si no que además colocas el precio de las prendas y el lugar donde se compran. Esto me divierte mucho.
Tercero: si el señor Sísifo lleva una piedra dentro de la maleta, quizá hubiera sido más cómodo rodarla como el de la imagen, aunque si no es canto rodado pues es más difícil. Pero en este caso le quitaría el misterio a la historia. En fin, que está Genial como lo cuentas, me ha intrigado hasta el final. Y perdona por el rollo.
Besitos rodantes

firmin dijo...

Sísifo no debió jadear, debió sonreir, como quería Camus para que los dioses se fastidiasen. Dile a Michel que se fije las próximas veces, que observe si sonrie y me lo cuentas. Me encantaría.

Duncan de Gross dijo...

Mmmm, no sé Carls-Lups, cuando sea profe, que ya está tardando, creo que mis prioridades serán otras, cuando tenga experiencia, quizás, quien sabe...

Danae: Michel IV es un gato siamés que se tira los dias mirando por la ventana mientras maquina la autodeterminación del patio-lavadero que es donde come y tiene su arenero, él ve muchas coisas, y no todas las cuenta, jejeje. Lo del precio de las cosas es para que la gente se haga una idea de como van vestidos los personajes si reconocen la prenda, jajaja. No sabemos lo que llevará Sísifo en la maleta, pero si se presentara con un canto rodado, no le dejarían subir al autobus "a vete saber donde"... (Si tienes tiempo, leete algunas "Crónicas de un gato" de los meses de Julio/Agosto, modestia aparte, creo que las disfrutarás...).

Mmmm, firmin, quizás Sísifo lleva ya años cogiendo el bus y ya se le han quitado las ganas de sonreir...

Gracias por los comentarios, celebro que os gusten las historias cotidianas de Michel, besotes y que Atenea os guie!!, jaja