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jueves, 25 de septiembre de 2008

Primera bocacalle a la derecha


El día había amanecido tranquilo, despejado, un cielo azul me invitaba a salir a la calle. Tras un frugal desayuno, y regañar a Michel por atentar contra la cuarta maceta de la semana, salí a la calle. En la Avenida, mujeres atareadas con bolsos y carros, iban y venían, algunos señores encorbatados, armados con carpetas azules se cruzaron en mi camino, los gorriones defecaban alegres, desde las ramas de los enfermos árboles, los coches pululaban, unas universitarias se daban cambio unas a otras en la parada del bus… A lo lejos, a unos metros, quizás no tan lejos… Unos colegiales, uniformados, seguían a una vetusta maestra por aquella arteria, con rumbo desconocido, esquivando los humanos glóbulos que, maravillados, se paraban a contemplar los exuberantes artículos que un escaparate chino ofrecía a aquellas moscas de cartera floja, no hay como comprar en los chinos…

En mi dial, en mi MP4, Nat Cole susurraba una prosa musical, mística casi, a la que ya me tiene acostumbrado, todo ello aderezado por el placer de disfrutar del día, en medio de aquel Horror Vacuí que la ciudad se había propuesto, como ejercicio mental, aquella mañana.

De repente, he notado una presión en mi codo derecho, algo atenazaba esa parte de mi físico, mutilando toda mi paz, mi mutismo “Coleniano”. Me he girado lentamente, la presión sobre mi codo era fuerte, para dar con el problema en cuestión. Un anciano, de unos setenta años, de cierto físico, cuyo rostro me era vagamente familiar, supongo que uno de esos rostros diarios, desconocidos, farfullaba algo incomprensible para mis oídos, con mi mano izquierda me he quitado uno de los auriculares, a tiempo, para oírle recitar al señor con voz cargada:

- “…Us vuestrus pairis us dijum que nu palrarai comu vuestrus agüelinus, peru si de elus deprendierum!!...”.

Y yo, con la educación, y respeto que la situación exigía, con la larga experiencia adquirida tras largos años de asedio medieval por parte de desconocidos (los atraigo como a las moscas), no era para menos, le he contestado a la par que, enérgicamente, destruía su pinza de cangrejo de un risueño ademán:

- “Primera bocacalle a la derecha”.

Y jovial, feliz, imperturbable, por el ligero retraso ocasionado, he seguido mi camino, muy relajado, hacia vete a saber donde…


P.D: Dedicado a La Pequeña Candi, siempre interesada por nuestra manera de hablar o "palrar", un besote. ;-)




4 comentarios:

la pequeña candi dijo...

Pues decirte que me ha encantado Andrés ¿como no iba a gustarme? y, sobre todo... gracias por acordarte de mí.
Un besazoooo!

Lupita dijo...

Venga Andresito, ánimo y el próximo post entero en castúo...

Carlos dijo...

¡¡Castuo en las escuelas YA!! Jajaja

Duncan de Gross dijo...

jajaja, ya es lo que faltaba Carls!!, jajaja